¿Puede una persona de 40 años sentirse vieja, y en cambio una de 93 sentirse joven? ¿Puede esa persona de 40 años estar con la de 93 y sentirse mucho más vieja que ella? Esto es lo que le ocurre a la protagonista de libro, Leah, una escritora de cuentos infantiles de 40 años, divorciada a los 25 y sin hijos ni pareja, aterrada por la idea de llegar a la madurez de la vida desde muy joven y sientiendo que estaba mucho más cerca de lo que pensaba; que decide hacer algo por alguien y se le ocurre ser voluntaria en un centro de la tercera edad. A Leah le asignan una anciana a la que tiene que ir a visitar por lo menos 1 hora a la semana. Le toca Adele, una viejecita de 93 años, ciega desde su juventud, y que aunque al principio piensa hasta en dejarlo o cambiar de anciana, poco a poco y con cada visita va conociendo la bondad, sabiduría y experiencias de una ancianita obviada e ignorada por el resto de sus compañeros por el hecho de ser diferente a ellos en cuanto a que no podía ver, y olvidada por toda su familia. Para Leah se convierte en la mejor experiencia de su vida, se hacen amigas inseparables, y la hora semanal pasa a ser diaria, e incluso se propone escribir un libro sobre su historia con Adele. Adele da a la mujer sentido a su vida, y esperanzas para seguir viviendo y disfrutarla al máximo, porque aún le queda mucho por recorrer.
Este libro de crecimiento emocional, aparte de engancharnos y hacernos coger un tremendo cariño y sensibilidad por la anciana coprotagonista; nos enseña, como bien dice el título, que la única edad es la vida, solamente tenemos una y hay que vivirla plenamente, y que uno es joven mientras quiera serlo. Como bien dice Adele: " los años se tienen en el corazón". Debemos valorar la vida, y aprovecharla al máximo, sin importarnos el tiempo o los años. Porque nunca es tarde para realizar nuestros sueños, no debemos perder la ilusión por la gran suerte que tenemos de vivir. Este libro nos enseña tabién a valorar a los mayores, grandes portadores de sabiduría, enseñanzas y experiencias, de un modo entretenido.
-------> Os dejo el párrafo final, en el que Leah lleva a su fiesta de cumpleaños a Adele y se la presenta encantada a sus amigos, que se muestran igual de encantados que ella, y se convierte en el mejor cumpleaños que tuvo en su vida:
- Puedes sentirte orgullosa de haber cosechado estos amigos - me dijo Adele tomando fuerte mi mano - Claro que no deberían aprovecharse de ti ni cambiarte, nunca; puedes decírselo de mi parte. Créeme. A veces llegas a conocer bien a la gente pero encuentras que no tiene nada en su interior.
Miré a todas esas personas y me sentí en paz. Ellos sí tenían mucho en su interior. Si yo era afortunada, aún tendría muchas cosas por vivir. Ése era el 1er día del resto de mi vida, y me sentí más joven de lo que me había sentido en más de una década. Aunque sonara ridículo, pensé que nada de lo que se había dicho sobre la vejez tenía sentido. Tal vez la belleza de envejecer consistía en saber que probablemente nunca lo tendría. Alguien había cmetido un gran error. Tal vez una gran campaña publicitaria agresiva pudiese enmendar para siempre el problema de la vejez, quizá con la frase "la vejez es oro". ¿Quién sabe lo que habría de ver en toda mi vida?
Entonces, finalmente, lo supe. Si hay amor en la vida de una persona, qué más da cuántos años tenga; sólo se tiene una edad: la de estar vivo.
------> También algunas frases que me he ido recopilando mientras las leía, que aunque no sean especialmente bonitas, muestran el proceso que sigue Leah desde su comienzo casi repugnando a la gente mayor, hasta que consigue valorarlas como se merecen.
- ¿Sábes cuánto mejor sería este país si no les hubiésemos robado toda la tierra a los indios? Mira los lakotas, los obi o los ojibwas. Rinden culto a sus mayores. ¿Puedes imaginarte cómo sería vivir en una cultura en la que una esperase llegar a ser vieja? (una amiga de Leah a Leah)
"Sí señora, mi reloj también habla. Si subiera el volumen de su audífono podría oír mi reloj gritándome: ¡Sal inmediatamente de aquí!. No había llegado a ese lugar 16 minutos tarde, sino 40 años antes" (Leah tras enfadarse con Adele en su 2ª visita, al quejarse esta de que había llegado tarde a su cita)
Cuando se tienen 90 años, uno recuerda cosas que nos sucedieron a los 5 años, pero no lo que pasó hace 15 minutos.
Apenas podía imaginar todo el valor que debía tener Adele solo para pasar el día. ¿Cuánto respeto por sí misma debía tener una persona de noventa y tres años y medio, ciega y meticulosa con su guardarropa, cuando ni siquiera podía ver lo que había en su armario? ¿Por qué razón podía esa persona convencerse de que valía la pena despertar y estar presentable durante el día? (Leah ya empieza a apreciar a Adele y la gente anciana)
- Seguramente usted podría escribir un buen libro.
- Por supuesto - dijo Adele con seguridad.
- ¿Cuál sería el título?
- "Disfruta mientras puedas" - respondió la anciana sin titubear.
- ¿Y cuánto tiempo sería eso?
- Hasta que te mueras
Adele pertenecía a la generación de mujeres que no pedían una segunda opinión médica porque no querían ofender a su doctor. Ella no tenía manera de saber que, en el mundo de hoy, si su dentista tuviese que pagar la cuota de su barco, estaría contenta de verla otra vez.
Adele tenía razón. La nueva compañera de cuarto tenía instaladas allí su propia cma de matrimonio con un enorme oso de peluche encima, también su propia cómoda, mucho más grande que la de Adele, con un gran televisor. Para que todo pudiese entrar en el cuarto, habían acomodado la cama y la mecedora de Adele en un rincón: la habitación parecía un almacén. Lo más triste fue ver la repisa donde Adele tenía su reproductor de casetes y los libros grabados en ellos (lo único que tenía), que estaba ocupada ahora por un pequeño refrigerador de la nueva inquilina.
- ¿Dónde están sus libros grabados?
- Los pusieron debajo de algo, ahora ni siquiera puedo encontrarlos - dijo Adele, tanteando desesperadamente bajo la repisa - No, no peudo hallarlos. Aquí ya no hay lugar para mí, en ningún sitio. Espero que esto nunca te suceda a ti, te lo digo sinceramente.
No podía negar que eran los ancianos quienes hacían que yo volviese a vivir, sólo que aún no estaba lista para admitirlo.
Tal vez un día, dentro de 35 años, yo también esté sentada cantando en un grupo She loves you de Los Beattles, y aún recuerde sacudir la cabeza justo en el mismo momento de la canción en que Paul Maccartney acostumbraba a hacerlo. Y tal vez en ese salón haya una mujer de mediana edad sentada junto a su madre, Esa mujer quizá sepa cada palabra de la canción, como si hubiese nacido en los años 50. Y yo sonreiría, comprendiéndola, pues yo estaba haciendo algo parecido ahora. Porque mi generación no podría ser olvidada. Porque, sin importar lo que nos haya deparado la vida, todo habría resultado bien.
Durante años había estado escribiendo libros infantiles sobre ancianas heroínas, quizá con el deseo inconsciente de enseñar a los niños a mar a las personas mayores, en caso de que yo algún día me convirtiese en una. Mi mente me había preparado para ese día durante años sin que yo lo supiera.
Mi amistad contigo es un sentimiento distinto al de la familia; es un sentimiento que permanece vivo. El de la familia está solo porque está. Pero este sentimiento está muy adentro y muy vivo. Conté a mi hija sobre nuestro futuro libro y dijo que estaba ansiosa por leerlo, pero me parece que no me creyó. A veces la propia familia no comprende las cosas más importantes que sudecen en la vida de uno.
-¿Sabes cuál es mi deseo de cumpleaños? Estar aquí cuando llegue mi próximo cumpleaños.
Cuando somos niños no nos compran zapatos caros porque los pies crecen rápido, nos quedan pequeños muy pronto. En la adolescencia no es buen momento para comprar un abrigo de 1ª calidad porque aún no hemos terminado de crecer, y es mejor dejarlo para un poco más adelante. Cuando somos adultos tampoco es conveniente ninguna de esas cosas, ya que preferimos gastar el dinero en cosas para nuestros hijos. 50 años después uno termina tan confundido como Adele, preguntándose si es conveniente comprar algo porque ignora cuánto le quedará de vida para disfrutarlo, o incluso para saber la hora.
En muchas partes del mundo la gente vivía sin prestar atención a la hora, libres como niños. Si estaba oscuro, era de nche; si estaba claro, era de día. El problema era que, como Adele no podía ver, podía creer que era de noche en plena tarde. Aquella podía ser la noche más larga de su vida.
Allí dan un programa para la temporada. Era un grupo de apoyo para superar la depresión de las fiestas, destinado a los residentes y sus familiares, que obviamente(...) había resultado un éxito para los familiares porque ninguno asistión al asilo aquella noche.

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