1. No levantes muros, pues son peligrosos. Aprende a traspasarlos.

2. Vive el momento, pues cada uno es precioso y no debe malgastarse.

3. Cuida tu persona, ante todo y sobre todo.

4. Prescinde del amor propio. Muestrate tal y como eres, dando todo tu amor pero sin renunciar a ti misma.

5. Todo es posible en todo momento.

6. Sigue el fluir universal. Cuando alguien da, recibir es un acto de generosidad. Pues en esa entrega, siempre se gana algo.

Estas seis simples reglas que todo el mundo debería aplicar en su vida como guía para vivir plenamente y enriquecerse como persona, son las que dan a la protagonista del libro, Christine, un cambio a su vida, un nuevo sentido que la ayudarán a ser feliz. A sus 37 años, después de marcharse de su ciudad 7 años tras un fracaso sentimental que la dejó realmente tocada, ya que estaba muy enamorada pero a su novio le asusto el compromiso y la dejó; decide regresar a su lugar de origen. Pensaba que volver a su antiguo trabajo como enfermera después de todo ese tiempo de alejamiento le haría bien, pero se encontró con el hombre que la abandonó y vio en su mano un anillo de casado, lo cual la creó gran frustración, que se agravó al saber que había contraído matrimonio con una mujer mucho más guapa y rica que ella, a la que encima odiaba. Christine sintió que todos los años que había estado fuera no habían servido para nada, se sentía triste y avergonzada, y también un poco impotente. Pero todo cambió cuando conoció a Joe, Jesús de Nazaret transformado en motero, que había venido explicitamente para ayudarla a ser feliz y demostrarle todo lo que valía y lo que verdaderamente merecía la pena. Joe, que tenía la capacidad de leerla la mente, dio un cambio radical a la vida de Christine, quien aprendió a valorar cosas de las que ni se había percatado y desechar las innecesarias. Él le va dando poco a poco, en forma de mandamientos actualizados, unas pautas personalizadas que son las que, poniendo de su parte, producen maravilloso cambio. Quiero dejar claro que Joe aunque pueda parecer por el título y algunos resúmenes, no protagoniza una historia de amor con Chritine, al menos no un amor romántico, de pareja, sino un amor generoso que nada tiene que ver, y que tal vez sea el verdadero amor. El amor romántico le llegará a ella al final del libro.

Este libro te enseña muchas cosas, aparte de ser muy entretenido por el sarcasmo y carácter de la protagonista. Además de hacerte pensar qué es lo que verdaderamente importa de tu vida y qué es innecesario o podrías vivir sin ello, te hace ver que las cosas materiales siempre van al final de todo. Te hace valorar los pequeños detalles de la vida, que al final son los más importantes, y que antes quizá te hubieran parecido una tontería pero que son lo que realmente te aportan felicidad. También nos hace ver que no hay que obsesionarse por los cánones de belleza actuales, ya que la verdadera belleza está en el interior, y tarde o temprano, habrá alguien que sepa verla y apreciarla; y esa persona será quien merezca tu amor. Te enseña a valorarte a ti mismo, saber que eres único y que no tenemos que culparnos de todos nuestros fracasos a nosotros mismos, sino que pueden producirse por causas ajenas a nosotros, ya que no todos somos ni pensamos de igual forma. Hay que aprovechar la vida, porque es maravillosa, y a veces nos centramos en un problema y no nos percatamos de que estamos dejando escapar miles de pequeñas cosas que pueden hacernos felices. Muestra que hay que ser uno mismo, para ser feliz tienes que estar agusto tú, porque lo importante es como te veas tú, no como te vean los demás. Es un libro no muy largo que aconsejo que leas, seas hombre o mujer, seas cristiano o no, miralo como una fantasía, porque seguro que algo te aporta, y te dejará un buen sabor de boca.

--- Como acostumbro, os dejo algunos de los muchos textos o frases que me han gustado del libro:

Al parecer, el daño ocasionado a mi corazón tiempo atrás era irreversible. Aquello era como estar en una situación límite en la que todo el mundo trabaja febrilmente para salvar al paciente y lo único que oyes es ese monótono tono apagado del monitor cardiaco que indica que no hay actividad eléctrica en el corazón. Se acabó. Muchísimas gracias a todo el mundo pero no podemos hacer más.

Con e tiempo he aprendido que soy una diabética emocional y que los hombres para mí son como barritas de chocolate: dulces al principio y nocivas al final.

- Vale - admití - ¿Pero qué es todo eso de transpasar mis muros? ¿estás diciendo que tengo que derrumbar esos muros a los que tatos años he dedicado, hasta construírlos a la perfección?
- No - dijo Joe - Eso sería demasiado trabajoso. Es más sencillo saltar por encima de ellos. Es simple: ignóralos. Intenta superarlos por muy aterrador que a veces te resulte. No es tan duro como piensas. La parte difícil es aprender a no construir más.

En un destello de inspiración, comprendí que mis plantas, a las que había estado dedicando mucho tiempo últimamente cuidándolas, únicamente eran un reflejo de mi persona. Porque lo cierto era que yo también me estaba llenando de colorido y de ansias de crecer.

Parecía un muchacho que ha comprado un maravilloso regalo de cumpleaños para alguien que luego no sabe apreciarlo. El mundo no había parado de rechazar sus regalos; regalos a los que él concedía un valor inmenso. Comprendí que le había ofendido al escoger placeres artificiales, hechos por el hombre, en vez de la maravillosa variedad de deleites que había puesto a mis pies.

El amor propio es la base de todos nuestros problemas. Renunciemos al ego y así dejaremos sitio solo para la felicidad.

- ¿Y qué hacemos ahora con todas las cosas que quieres que tire? - pregunté aunque no tenía verdadero interés en saber la respuesta - ¿se las llevamos al ejército de salvación?
- Si quieres... - respondió Joe un poco distraído.
- ¿Si quiero? - pregunté algo extrañada - Me esperaba otra respeusta, pensaba que te correspondía a ti fomentar los donativos de caridad. Ya sabes, regalos para los pobres.
- Ya te has hecho un donativo a ti misma al deshacerte de buena parte de tu antigua identidad. Tú misma se la has entregado a los pobres: a los pobres de espíritu. Cualquier cosa que hagas ahora con esas cosas es superflua.

Mi estómago no estaba hambriento pero todo mi ser anhelaba algo que dificilmente se ofrecería en un menú. Mi alma, como había dicho él, presentaba síntomas de desnutrición.

- Lo esencial es ser honesto con uno mismo, para que nada ni nadie te intimide - dijo - Cuando sepas con exactitud quién y qué eres, con todos tus defectos y cualidades, entonces no tendrás que gastar tiempo y energía tratando de ser distinta. Y el siguiente paso será aceptar tus defectos y ahondar en tus virtudes, y amar todo lo que constituye tu persona.

Desde el principio es tu amor propio el que te impide amar. No querías dar nada a menos que te garantizaran algo a cambio. Aún no sabías que el verdadero placer está en dar.

No pueden aprovecharse de algo que tú no les das. Dales tu amor pero no les entregues tu persona, eso solo te pertenece a ti.

Aprender a renunciar al amr propio en mi vida cotidiana resultó ser la lección más importante. No sabía muy bien cómo, pero me había quitado la venda y el mundo que me rodeaba se convirtió en un lugar fascinante. Había dejado de considerar mi aspecto físico o mi imagen como el centro del universo. En su lugar, empecé a sentir curiosidad por lo que encontraba la gente que encontraba la gente que inspeccionaba la playa con detectores de metal, examinaba las capturas de los pescadores y reparé en el modo en que las gaviotas abren almejas para dejarlas caer más tarde sobre las rocas. En lugar de leer revistas para mujeres con interminables artículos sobre cómo estar bella y sexy, leía diarios y me interesaba por los acontecimientos mundiales. Me sentía bella y sexy simplemente por el hecho de existir. Y lo más sorprendente de todo: era capaz de pasar por delante de un espejo sin necesidad de comprobar que iba bien arreglada. No necesitaba hacerme más reproches. Estaba demasiado ocupada buscando maneras de disfrutar.

Había sido más fácil concentrarme en las necesidades de otra gente, porque temía que si me detenía a examinar las mías propias no acabaría nunca. Era el momento de empezar a considerar mis propias necesidades y procurar satisfacerlas de una en una.